Los pétalos se iluminan de noche de forma autosuficiente. Disponen de un diodo LED que, alimentado por la energía que le suministran las células fotovoltaicas de su piel superior, emite luz cuando llega la noche, atrayendo hacia el árbol la atención del bosque urbano.
En verano, procura sombra y refrigeración. Los pétalos están extendidos de forma que dan sombra a los bancos en las horas más calurosas del día, cuando el sol ocupa una posición más alta, evitan su calentamiento y dan un refugio al caminante. Además, los bancos son como un organismo que siempre está a distinta temperatura que el ambiente. En verano alojan agua en su interior, la cual, por el efecto de transpiración que le otorga su piel cerámica, mantiene con una temperatura más baja el banco, ofreciendo una superficie fresca sobre la que descansar a sus huéspedes. Unos pequeños pulverizadores de agua brotan de los tallos, miden la temperatura y despiertan en los momentos más sofocantes, creando a su alrededor un ambiente enormemente apetecible en los días de verano.
En invierno, sacan provecho del sol y aportan calor. El árbol tiene calculada su altura según la inclinación del recorrido del sol en las distintas estaciones, permitiendo el paso de la radiación solar durante todo el día en invierno, cuando es más necesaria. Durante el invierno los bancos expulsan el agua de su interior. Su piel negra cerámica absorbe toda la energía que el sol le transmite, actuando así como cuerpos transmisores del calor que albergan por contacto.